El monstruo de la moda italiana salió reptando de los bosques en uno de esos festivales rurales del Este de Europa en los que hombres con pantalones de cuero y el torso untado con aceite luchan en un campo, rodeados de ancianas de un millón de años de edad con pañoletas en la cabeza. Habríamos ido a hablar con ellas, pero los hombres aceitosos nos habían puesto tan cachondos que no nos podíamos levantar del suelo.